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Marisol nos comparte un capítulo final de una vida de codependencia y nos invita a liberarnos de esas cadenas y ver con claridad que creyendo en una misma puede salir delante. Le agradecemos su valor y sus ganas de compartir. Aquí sus palabras:

Hace ya un poco más del año que se fue esa persona a la que yo llegué a amar ciegamente, y hasta el día de hoy nadie se explica (allegados a los dos) cómo es posible mi actitud y desentendimiento de esa enfermiza relación. Lo único que sé es que fueron años de codependencia los que hicieron que eso sobreviviera, que nadie más que yo pudo saber el manejo emocional y doloroso de todo ese trance con un AA disfrazado de la palabra “yo sí te amo”, y el día que por fin vi la luz y logré zafarme, lo que menos me quedaron fueron ganas de volver siquiera a mirar atrás, y lo único que pude expresar fue un escrito con todos mis sentires y lo que para mí resultó ese viaje de su despedida.

Quiero compartir esto por la simple razón de que muchas mujeres quizá se puedan ver reflejadas en mi experiencia, en mi caso, mi mensaje sería que no debemos esperar perder tanto tiempo irrecuperable de nuestras vidas con alguien que nos maltrata, NO vale la pena, al día de hoy vivo una vida grata, tranquila y con amor palpable, puedo ser yo, brincar, gritar, reír, gozar y entregarme a lo que quiera sin ser duramente juzgada.

Después de todo ese tiempo de amor tortuoso, sigo hoy trabajando con mi autoestima y sé que voy poco a poco y espero algún día haberlo superado por completo, pues mi memoria guarda, así como lo bueno, hasta el más profundo dolor causado. Perdonado está, pero creo que por el resto de mi vida me seguiré reprochando el no haber sabido decir NO, ser más fuerte, menos vulnerable y reconocer la diferencia entre el amor y la misoginia de una persona que necesitaba ayuda pero a otros niveles, y saber hoy que aunque uno diga “yo lo haré cambiar” eso jamás puede suceder, aún siendo un profesional en ese tema cuando interviene el corazón también son embaucadas.

Lo escribí precisamente hace ya un año, cuando supe que aquella persona había fallecido, yo misma hoy quedé impactada de ese último escrito, pero habló mi corazón. Espero y no se les haga ofensivo, sino un desahogo de alguien que en silencio por más de 8 años con muchas pausas, jamás se había atrevido a hablar de nada y aun así luchó por querer salir de ese túnel. Al día de hoy soy feliz y lo más importante cada día creo más en mi misma.

La última carta:

Te digo adiós… Te digo adiós y esta vez es para siempre

Quién diría que los años, aún los más lindos, si en realidad los llegaste a tener algún día, terminaron; tal cual lo decretaste siempre, y hoy es el día de una luz y un nuevo camino para ti; sólo espero que esa luz sea la indicada y merecida por ti. De todo el daño que llegaste a hacer creo que, el día de hoy, todos lo han dejado también atrás en una participación de sentires, cantares y lágrimas, muchas de ellas con remordimientos, a los mismos familiares con algunas lágrimas igual de falsas en su afán por enmendar sus culpas y errores….ay… para mi gusto demasiado tarde.

Por mi parte hoy y hasta hoy te perdono, por todo y cada uno de los daños que en su momento alteraron mi entorno, mi fe y mi felicidad, hoy te perdono, por robarme cada una de mis alegrías y de mis desvelos, hasta hoy, te perdono el haber sido parte de mi vida, aún sin haberlo sabido disfrutar y entender, aún sin haber sabido escuchar, y sobre todo te perdono el haberme robado lo que yo pensé fue amor hacia ti por tantos años y agradezco el haberme hecho sentir en algún momento que era el ser más importante sobre el planeta aunque eso solo hubiera sido no más que palabras que se llevaba el viento al salir de tus labios.

Hoy, lamento que tu vida haya sido tan vacía, tanto, que hayas preferido terminar con ella de a poco, aun con tantas recomendaciones, sin importarte dejar atrás a unos pequeños seres que tú mismo trajiste a la vida, aún en muerte te puedo decir que nunca dejaste de ser tan egoísta, intentando ser mártir, y víctima de tus propias circunstancias, hoy ya no necesitas seguir mintiendo diario al mundo por tus esfuerzos, hoy no necesitas inventarte nuevas historias, hoy se acabaron las excusas, los pretextos!, te has de sentir muy bien, y has de morir de risa de toda la gente que te acompañó, misma que yo sé cómo te llegaste a expresar sin remordimientos de cada uno, en cierta forma hasta me dio tristeza ver un circo montado en lugar de algo serio y profundo.

Hoy, haz dejado a unos padres completamente devastados y sintiéndose culpables, siendo que ellos no tienen ninguna culpa de que tu hayas querido ser y nacer en otras circunstancias, y eso seguramente te hará feliz, qué lamentable
El día de hoy sé que la muerte ha cubierto tu cuerpo y en él tus pocos sueños y demasiadas frustraciones, qué lástima que no hayas sabido que a la vida se viene a vivir, a creer, a sentir, a disfrutar, y que nunca nadie es culpable de lo que nosotros elegimos pues aún de chicos aprendemos a quedarnos con lo bueno y lo malo lo desechamos precisamente para aprender en el camino de la vida, nunca aprendiste a respetar, nunca aprendiste a escuchar y eso mismo hizo de oídos sordos tu felicidad, qué lástima que no hayas podido probar de sus mieles preocupándote por lo que no tuviste y por lo que nunca se te dio, en lugar de habértelo propuesto desde siempre y lograr tus metas, sin tener que pisar a nadie para obtener unas pocas victorias.

Te digo, al fin. Adiós, hoy dejo de sentir miedo por tus arranques y dejo de temer por tus actos, nunca te podré culpar por tanto daño, porque yo fui la que siempre puso la otra mejilla, hoy me devuelves la tranquilidad de no volverte a ver, pero es una tristeza que sea así, sólo así como dejé de temer, y es una pena que sólo con tu muerte me pudiera volver a sentir libre.

Adiós, y esta vez para siempre.

Hace poco Mario alberto Matuz Negrete, llego a la puerta de mi casa, venía arreglar mi conexión de internet y por casualidad me contó que era poeta, en cuanto me dijo que tenía uno en honor a la mujer, se lo pedí para compartirlo con ustedes.

¿Cómo hablar del poema más hermoso?
De la creación más perfecta de la vida,
¿Cómo hablar del tesoro más valioso?
Hablar del ser, que ama siempre sin medida.
Una mujer es la luz en el sendero,
es la virtud que crece con las rosas,
es el cariño, entregado tan sincero,
es un mar con manos siempre hermosas.
Es el blanco del alma compasiva,
es el perdón reflejado en su mirada,
a veces madre, guerrera que emotiva,
a veces llora y se queda muy callada.
Una mujer, es el secreto más sutil,
es la sonrisa que regala con amor,
una mujer es el ansia más febril,
y único ser ¡ Que sonríe con el dolor !
Por eso, la mujer es un poema,
es la ternura, abrazando a sus cachorros,
es el verso, es el morfema,
es la caricia que se derrama a chorros.

Poema de Mario Alberto Matuz Negrete.