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Autor: Mtro. Luis José F. Ubando Fernández

El relato Bíblico de la creación y el Paraíso, presenta vivamente el estado de inflación original. Yahvé plantó un jardín en un lugar de Oriente llamado Edén; allí colocó al hombre… Puso en medio el árbol de la Vida el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Yahvé dijo al hombre: “Puedes comer de cualquier árbol que haya en el jardín, menos del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; porque el día que comas de él, morirás sin remedio”. Entonces siguió la creación de la mujer: Yahvé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Y le sacó una de sus costillas… De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Eva cayó en la tentación cuando la serpiente le dijo: “De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día que coman de él se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dioses y conocerán el Bien y el Mal… tomó de su fruto y comió… Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta que estaban desnudos y se hicieron unos taparrabos cosiendo hojas de higuera”. Dios descubrió su desobediencia y pronunció maldiciones y castigos sobre la serpiente y sobre cada uno de ellos “… con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la Tierra pues de ella fuiste sacado”. El Gran Dios dijo: “He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tome también (de) del árbol de la Vida. Pues al comer de esta árbol vivirás para siempre”. Habiendo expulsado al hombre, puso querubines, al Oriente del Jardín del Edén, y la llama de la Espada de fuego Vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.

Este es el mito de nuestra cultura occidental, rico en significado Psicológico. El jardín del Edén contiene elementos de un mandala.

El mandala es una imagen del Self, en este caso representando la unidad original del Ego con la naturaleza de la deidad. Este es el Estado Inicial, inconsciente, primitivo, siendo uno con el Self. Es paraíso porque la conciencia no ha aparecido aún, por lo tanto, no existe conflicto. Es un estado de armonía y estabilidad, sin divisiones, todo es un fluir integrado. Otro elemento que simboliza la unidad original es la creación de Eva, nacida de Adán. Claramente, Adán fue un ser hermafrodita, de otra manera Eva no hubiera podido nacer de él. Adán es el hombre de la humanidad original creada de la misma esencia de la divinidad. Todas las potencialidades estaban contenidas en él por lo que no cabe argumentar sobre cuál era su sexo.

Su naturaleza era andrógina. Esa plenitud fue alterada sustancialmente. Lo que estaba unido en una magnifica expresión de armonía entre los polos opuestos, queda dividido en sus dos principios básicos, el masculino y el femenino, voluntad e intención por un lado y receptividad y capacidad creadora por el otro. Desde ese momento una mitad necesita de la otra para restablecer el equilibrio.

Bien se puede decir que la relación de pareja y en especial la fase de enamoramiento, simboliza la reintegración de la parte separada, Eva – para restaurar la unidad.

La división de los componentes masculino y femenino tiene algo en común con la expulsión del paraíso. En ambos casos el hombre sufre la separación y alieneación de su complitud original. Lo que estaba unido queda dividido. A partir de la segregación, la parte separada queda fatalmente destinada a actuar por sí misma. Y actuar por sí mismo, es decir, osar actuar de acuerdo al deseo de ser como los dioses, es de fatales consecuencias; su precio es enfrentar la ira y el castigo de los Dioses, tal es el significado del pecado en el cristianismo. La mujer actúa por sí misma bajo la influencia de la serpiente y en consecuencia se desata el coraje de Yahvé quien les maldice y destina a actuar por sí mismos, a ganarse dolorosamente el derecho de tener conciencia. El drama de la tentación y la caída se inicia cuando el proceso de inflación (somos como los Dioses) se torna en inflación activa (actuamos contra la voluntad de los Dioses).

El relato Bíblico ilustra el nacimiento de la conciencia, hecho que se experimenta como un crímen que aleja al hombre del cuidado de Dios y le aleja de su complitud original en estado inconsciente. El fruto es claramente el símbolo de la conciencia, proporciona un darse cuenta de los opuestos, hecho necesario para la conciencia. Pero la conciencia es el pecado original, causa del mal de la humanidad. Si la conciencia se apodera de un elemento nuevo, tiene que pagar por ello.

Tal es el efecto al hacer conscientes los contenidos del inconsciente o del Self, al querer ser como los Dioses.

La pareja conoce el jardín de Edén durante el período de enamoramiento, y lo pierde cuando la sensación ilusoria de totalidad queda escindida y aparecen las diferencias entre ambos. Le asestan un golpe mortal a la unidad, doloroso y sangriento. Se pierde el paraíso, entran en contacto con la realidad y la pareja queda fatalmente condenada a trabajar por la conquista de la conciencia que le hará recuperar esa totalidad perdida así como Yahvé condenó al hombre y a la mujer a comer el pan con el sudor de la frente. El fruto de la conciencia quita la venda de los ojos, para darse cuenta de sus diferencias y perder el estado inconsciente de totalidad.

El proceso simbolizado en la expulsión del paraíso no se da únicamente en el nacimiento original de la conciencia, también se repite cada vez que, de una y otra manera, se promueve un nuevo incremento de la conciencia. Apoderarnos de nuestra perdida e inconsciente complitud se logra únicamente probando y asimilando el fruto de la conciencia. Adán y Eva sacrificaron la pasiva comodidad de la obediencia, a cambio de lograr un mayor grado de conciencia.

Lo que para Dios es posible, para el hombre está prohibido. Igualmente, lo que es un crimen en una etapa del desarrollo psicológico es legítimo en otra. No podemos alcanzar una etapa del desarrollo sin atrevernos a desafiar el código de la etapa anterior. Cada paso es experimentado como un crimen y es acompañado por sentimientos de culpa, debido a que la anterior forma de conducta no ha sido trascendida.

Así, el primer intento es acompañado de un sentimiento de hacer algo criminal. En el plano personal, ampliar conciencia muchas veces es experimentado como rebelión hacia la autoridad, hacia los padres, los maestros, los superiores, los gobernantes y hacia otras figuras engrandecidas subjetivamente, como puede ser la pareja. También se experimenta como rebelión hacia la sociedad, porque implica un desafío a la identificación con representaciones de la colectividad, por ejemplo, familia, iglesia o nación. Muchas veces no se da esta rebelión. El hombre no se atreve a probar los frutos del medio ambiente por miedo a las consecuencias de querer ser como los Dioses y su desarrollo queda detenido en este punto, aceptando que las normas de su existencia le son impuestas externamente. Edinger nos dice que “encontramos mucha gente en psicoterapia cuyo desarrollo ha quedado detenido en el punto en que el crimen necesita ser encarado”.

La vida del hombre transcurre entre dos tendencias dinámicas. La primera da lugar a un proceso integrado, agrupador de los disperso, conducente a la restitución de la unidad primigenia. La segunda es disgregadora, conduce a la división de una situación global, da lugar a un alejamiento gradual del origen. A estos movimientos les llamamos inflación de Ego y alineación de Ego respectivamente.

Artículo publicado en la Revista Psicología al Día, en su edición de Abril de 1991.

Lo publicamos aquí con al autorización del Instituto de Estudios de la Pareja.

Para mayor información: www.institutodelapareja.com.mx

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