Cuando necesitamos consultar a algún especialista o técnico de cualquier especialidad, lo primero que nos viene a la mente es si estará calificado para realizar el trabajo para el que lo requerimos y en esta capacidad, también es indispensable la actualización de sus conocimientos y técnicas para desempeñar dicho trabajo. Sin embargo, al pensar en realizar nosotras mismas la función de madres asumimos en muchos casos que de manera natural e instintiva seremos capaces de desarrollar un trabajo muchísimo más complejo que cualquier cirugía o reparación de aparatos sofisticados. La maternidad, para ser desarrollada de manera adecuada es toda una profesión que requiere de conocimientos actualizados para ser desempeñada. Para ello, te ofrezco algunos datos provenientes de investigaciones recientes que te ayudarán a descartar algunas ideas obsoletas para ser una madre modelo S.XXI de última generación:

– Las neuronas espejo. Uno de los descubrimientos recientes en neurociencias más interesantes ha sido el realizado por Giacomo Rizzolati y su equipo en la Universidad de Parma, Italia, al descubrir las neuronas llamadas de “espejo”. Estas células cerebrales se activan cuando una persona de cualquier edad observa a otra actuar. La neurona activada reproduce mentalmente la conducta realizada por la otra persona como si quien observa también estuvieran realizando la misma acción, es decir, que quien observa a alguien realizando una acción vive imaginariamente la misma acción. Las neuronas espejo son pues la base del aprendizaje por imitación y algunos investigadores las han vinculado con el desarrollo de la empatía y la solidaridad por un lado, la violencia y la agresividad por el otro cuando al observar actos de violencia estas neuronas no son activadas adecuadamente o se descomponen. ¿Qué implicaciones tienen entonces para la formación infantil? Es evidente que la imitación de las conductas a las que son expuestos los niños será integrada mediante las células espejo y les harán más o menos empáticos con los demás en el futuro.

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Por Deborah Legorreta

Se ha puesto de moda entre las niñas -o sus madres, no queda claro entre quienes- acudir a locales donde las pequeñas son disfrazadas de princesas para tomarles fotos. Como en todo juego imaginativo, las niñas adoptan el papel del personaje y por unos minutos se sienten bellas, poderosas y con derecho a demandar cualquier cosa que les apetezca. Son felices estas princesitas temporales que regresan a sus casas con la auto estima incrementada y la alegría de saberse bonitas. El arquetipo de la princesa se rehúsa a desaparecer a pesar de casi un siglo de feminismo y por algo será, he pensado mientras caminaba por el centro comercial donde pululaban las mini princesas.

Los cuentos de hadas y leyendas de princesas siempre tienen el mismo argumento: se trata de una mujer joven, a veces bella pero siempre poderosa. En ocasiones es de origen humilde venida a más gracias a sus encantos y virtudes -como en el caso de Cenicienta- o bien, se trata de una heredera legítima de algún poderoso monarca quien, a pesar de poder ser insoportable y berrinchuda, es una joven bondadosa, como en el caso de Blanca Nieves. En resúmen, las princesas de cuento son más buenas que bonitas y más trabajadoras que parranderas ociosas que agoten sus días en tratamientos estéticos y sus noches en tours antropológicos -de antro en antro- como algunas famosas que ya conoces.

También es común que en los cuentos de hadas aparezca en algún momento un príncipe salvador para rescatar a la princesa de los peligros a los que seguramente la han expuesto seres malvados, pero en algunos casos, como en el mito de Psique y Eros o en la más conocida historia de la Sirenita de Andersen, la que rescata es ella al pasivo e indefenso príncipe, aunque estas historias de valor femenino no hayan recibido tanta difusión como las de la joven indefensa y rescatada. En cualquier caso, lo importante para el mito de la princesa parece ser que acabe con príncipe al lado, sea éste tipo regente o consorte. “Las princesas consiguen galán” parece decirnos esa voz ancestral y quizás por eso seguimos queriendo ser princesas o madres de princesitas aunque sea de mall.

Podría darte argumentos para descontinuar el modelo princesa, pero prefiero no ir contra corriente porque, después de todo, investigando a fondo en todas las revistas sociales que pude encontrar, he llegado a la conclusión de que debería haber todavía más princesas. Ahora te explico porqué.

1. Las princesas modernas son auto suficientes Si estás al día en noticias sociales de las monarquías actuales, sabrás que las princesas de hoy son profesionistas, trabajan en empresas o son dueñas de negocios por lo que generan su propio sustento independientemente de tener príncipe al lado o no tenerlo. Algunas ya son madres y no por ello dejan de mantenerse activas intelectualmente o de realizar actividades laborales. Asi es que una verdadera princesa actual no está pensando en que llegue aquel que la “saque de trabajar” ni estudia una carrera MMC (mientras me caso) Sabe que entre más capaz sea de sostenerse en sus dos propias y bien moldeadas piernas, mejor será su relación con todos, en especial con ese posible Otro, sea noble o plebeyo que ya tampoco importará tanto.

2. Las princesas modernas tienen conciencia social Seguimos en las páginas de la prensa rosa las crónicas de visitas a huérfanos de guerra, hogares de ancianos y eventos a favor de distintas ONGs que realizan las princesas de este siglo. Aún aquellas menos activas en filantropía al menos se dejan ver en las galas para recaudar fondos así es que si te interesa llegar a princesa, sería indispensable que buscaras alguna organización benéfica a la cual dedicar al menos unas cuantas horas al mes. Sin labor social, no se llega ni a dama de la corte.

3. Las princesas modernas se distinguen por su gentileza más que por su belleza Si las observas, no son especialmente guapas en el sentido uniformado de otras celebridades, pero las princesas actuales tienen una expresión y un trato amable que las distingue y les hace mucho más atractivas que otras herederas de fortunas supuestamente más bellas por fuera, pero terriblemente feas por dentro. La palabra “gentil” de hecho significaba en su orígen noble por lo que no hay nada que ennoblezca más que una sonrisa franca acompañada de una actitud de respeto hacia personas de todos los orígenes y edades.

4. Las princesas modernas saben ser parejas Se caracterizan por apoyar la labor de sus esposos, asi como por mantener un trato amable y respetuoso hacia sus parejas siempre que están en público. Jamás se verá a una princesa burlándose del marido que se equivoca al contar una historia o decirle frente a otras personas palabras denigrantes o hirientes. De la misma manera, manifiestan una actitud digna que promueve ser tratadas con el mismo respeto y deferencia que el que ellas otorgan a sus parejas. El desprecio, las burlas, los gritos y los insultos son considerados por las princesas como manifestaciones de vulgaridad…y en efecto lo son.

Por tanto, comienza a escribir tu propio cuento comenzando por “Habrá una vez una princesa auto suficiente, gentil y solidaria con los demás” y puedes continuar con una descripción de tu maravillosa vida cotidiana tal como desearías que fuera a partir de ahora, acompañada por esos seres queridos con quienes elijas compartirla y te aseguro que si te empeñas, podrás concluir el cuento con el acostumbrado “y vivirán felices”.

Fotos: Dina Goldstein

Por Deborah Legorreta

“Te cambio el celular por uno nuevo, con muchas más funciones que el que tienes” Me sugirió un amigo bien intencionado “Esa carcacha no va con tu personalidad” Agregó y con esa puntilla a mi vanidad remató cualquier resabio de resistencia tecnológica de mi parte por lo que, totalmente confiada, le entregué mi modelo “vintage” fabricado hace muchísimos años, como dos, que ya le daba pena ajena a él cuando yo contestaba alguna llamada en presencia de otros.
Al día siguiente, me dí cuenta de que no había respaldado los datos que tenía almacenados en el celular retro y llamé a mi amigo generoso para comentárselo quien me informó que, desafortunadamente, la reliquia ya había sido almacenada en el acervo del futuro museo de la obsolescencia que será inaugurado en fecha próxima, pero -agregó para animarme un poco- mi nuevo modelo de teléfono-agenda-internet-cámara de fotos y video ya estaba en camino por lo que podría registrar de nuevo con foto y todo los datos de aquellos conocidos cuyos datos había perdido. “Sirve que le das una revisada a tu lista y descartas a aquellas personas que ya te son X” dijo con acento hiper cool.

Finalmente, recibí el modelo de última generación, procedí a revisarlo intentando entender su funcionamiento, después de tan solo 15 minutos logré desbloquear sus teclas y al realizar la sincronización con mi computadora para transmitirle los datos almacenados en ella, me di cuenta de que mi amigo había olvidado dejarlo en limpio con lo cual terminé enterándome de su vida y milagros, con su agenda, calendario y notas mezcladas con las mías. Una vez repuesta del episodio de doble personalidad que me ocasionó dudar entre asistir a sus citas o a las mías, pensé una vez más en el refrán de “Más vale por conocido, que bueno por conocer” ¿Te ha pasado por la mente alguna vez este dicho popular? Imagino que si por lo que te invito a seguir leyendo.

¿Más vale malo por conocido?

Las personas en general preferimos la estabilidad de lo conocido ya que nos sentimos más en control cuando hemos superado las primeras fases del aprendizaje tanto de procesos como de interacciones con otras personas. Esta característica normal se vuelve enfermiza cuando no somos capaces de trascender la inestabilidad inherente a todo proceso de aprendizaje, misma que nos hace sentir inseguros mientras dominamos las habilidades requeridas para manejar el avance, sea éste tecnológico, como es el caso de la banca por internet o telefónica, o de relacionamiento, como es el caso de las interacciones más participativas con el médico, el jefe o la pareja por mencionar solo algunas. Si te dices con frecuencia “más vale malo por conocido” pudiera tratarse de una actitud conformista y reacia al cambio por temores que no necesariamente se basan en perjuicios reales existentes en lo novedoso.

¿Por conocido es malo?

Pero también es importante preguntarte si la relación amorosa, laboral o con proveedores de servicios al igual que la tecnología con la que cuentas es en verdad mala, obsoleta o inoperante. En muchos casos, por la costumbre dejamos de observar y evaluar en detalle estos aspectos por lo que dejamos de tener una visión objetiva acerca de los mismos. Es posible que, en efecto, estés aceptando algo malo o menos bueno que lo que aún no conoces, pero antes de tirar a la basura el aparato, cambiar al galán o caer en las promociones comerciales de otro banco, compañía de telecomunicaciones o cualquier otro servicio, sugiero evalúes en detalle si de verdad te están ofreciendo una mejor opción que lo que tienes ahora. En algunos casos, en lugar de un cambio o rompimiento drásticos, lo más conveniente sería que intentarás resolver lo que te desagrada o no dominas, que ofrecieras tu opinión y que buscaras mejorar lo existente antes de cambiarlo.

¿Bueno por conocer?

En el extremo contrario a quien se resiste a todo cambio, se encuentran aquellos que siempre piensan que lo bueno está por conocerse. Estas personas, como mi querido amigo, siempre intentan comprar el último aparato, ir al bar recién abierto, vestir a la última moda, contratar el banco de moda y por supuesto, andar con alguien nuevo cuando la relación en la que están ya se está volviendo estable. En psicología se clasifica esta conducta como síntoma de algunos trastornos de personalidad serios pero sin llegar a ese extremo, debido a la influencia de los mensajes externos no filtrados, todos estamos expuestos a este tipo de conducta en algun momento. Es evidente que si nos negamos a buscar lo bueno por conocer, corremos el riesgo de quedarnos estancados, pero las decisiones de cambio tendrían que seguir de un proceso reflexivo y no impulsivo del tipo “primero mato, después averiguo” heredado de nuestros revolucionarios.

Mientras encuentro la forma para depurar y restaurar mis datos en la pc, y aprendo a usar el nuevo aparato movil, recuerdo que cuando pasé del walkman al MP3 y de la agenda manual a la electrónica sentí la misma frustración que ahora pero las ventajas que disfruto con lo nuevo son sustanciales; lo mismo pasó cuando me armé de valor para mandar esa carta cancelando la tarjeta de crédito carísima y opté por una más light, o cuando di las gracias en ese empleo sin futuro y opté por la independencia. En todos esos avances, al principio me deseperaba por ignorante de las reglas nuevas que una vez dominadas, ahora me hacen la vida más grata. Por ello, al “más vale por conocido, que malo por conocer” respondo con otro refrán popular “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”


Les dejo este texto de una mujer de Canarias que fue
a una de mis pláticas. Creo que su reflexión merece publicarse.

Deborah

HABRÁ UNA VEZ UNA MUJER…..

Habrá una vez una mujer que al levantarse cada mañana agradezca un nuevo día para disfrutar del trabajo, de la familia, de los amigos, del tiempo libre y de todo lo que el día le ofrezca.

Una mujer feliz y agradecida de ser como es con los demás y consigo misma; con una gran autoestima.

Que en el trabajo encuentra estabilidad, reconocimiento, buen ambiente laboral y goza de saber que está haciendo lo que más le gusta.

Que en la familia haya unión, armonía y buen son, donde la salud de todos sus miembros prime ante todo.

Un hogar donde el seno familiar lo formen un hombre generoso consigo y con los demás, amante y amado, comunicativo, sincero y humilde de corazón.

Unos hijos, hembras o varones, tolerantes y queridos, a los que transmitir buenos valores y ayudarles a andar por los senderos de la vida sin tener que cogerles de la mano, para que cuando lleguen a su edad adulta encuentren en sus padres un ejemplo a seguir y se sientan orgullosos.

Que los amigos sean un importante apoyo para los momentos difíciles, capaces de acudir en tu ayuda sin ser llamados, y una buena compañía para disfrutar de las horas y los días.

Que el tiempo libre se lo dé y no se dedique a buscarlo. Que sean horas de disfrute, bien en compañía o en soledad deseada.

Que las inevitables arrugas de la piel nunca alcancen el alma, que esta se conserve joven y se renueve al tiempo que el mundo cambia y la mente del hombre evoluciona.

Una mujer orgullosa de vivir su tiempo, orgullosa de su estado físico y mental, de su trabajo, de su familia, de sus amigos, …. de su vida.

Una mujer con calidad de vida, que vive y no se desvive.

Lo mejor de haber escrito estas letras es que esa mujer ya ha empezado a existir hace tiempo, no tanto como su edad, pero sí lo suficiente como para saber que lo tiene al alcance de su mano, que puede ser y será una realidad.

Trabajar diariamente con el empeño de alcanzar los retos personales tiene su recompensa y no decaer ante las adversidades que te encuentras en el camino, motiva aún más a seguir adelante.

Gracias Déborah Legorreta, gracias por esta idea.

Yanira Martel Martel
Soy una chica de 24 años
que cuando escribe se siente libre.
Canarias, 20 de marzo de 2007