mainPhotoMargaret Thatcher (13 de octubre 1925- 8 de abril 2013), una mujer que no se sentó en la sala de espera.

La bien conocida “Dama de Hierro”, murió este mes y quisiera honrarla con el presente, lejos del reconocimiento político-económico. Este pretende ser un homenaje a una mujer que vivió la cultura de la autenticidad y no esperó el momento oportuno para tomar su papel (aún en una cultura conservadora), al contrario, hizo de su momento un momento oportuno para ella, y con su ejemplo, para nosotras, las demás.

Cuando me refiero a su papel, es preciso aclarar, que su papel tiene muchas versiones, dentro de las cuales, quiero hablar del papel de una mujer que rompió estereotipos y brilló siendo mujer en un campo que había sido reservado en su época para el hombre. Pasará a la historia entre muchas cosas, por ser la primera mujer que ocupó el cargo de Ministra del Reino Unido (1979/1990), además es la persona que más tiempo ha durado en ese cargo en el siglo XX, no solo lo hizo bien, si no permaneció largo periodo y ahora a su fallecimiento ha sido reconocida en su tiempo, la historia no esperó.

Así pues, inicio con el título “Margaret Thatcher, una mujer que no se sentó en la sala de espera”, ¿a qué me refiero con “la sala de espera”? Para mi significa adoptar un sistema confortable de vida, es estar sentado esperando. ¿Qué se espera? Un resultado, una cita, una mesa, un momento… en fin se espera un algo que no depende de uno mismo, ni del tiempo propio. Lo triste es que si analizamos que se hace en una sala de espera, encontramos que en una sala de espera, uno se distrae con cualquier cosa, con lecturas cortas, con actos que no comprometen y se puede llegar a justificar que uno no hace nada, pues es que está esperando y esperar es la acción prioritaria del momento. Cuando esperar tiene un costo de oportunidad lamentable que es NO ACTUAR.

Lamentablemente, existen muchas mujeres que viven en esta sala de espera, haciendo de un momento transitorio, un momento perene, constante…. pero no congruente.

La mal llamada (en este siglo), liberación femenina, abre muchos escenarios para la mujer, ahora podemos -las mujeres- desempeñarnos en diversas profesiones y dentro de estas en diversos rangos, podemos ser activas en la política nacional o internacional, tenemos libertad de expresión y sobre todo libertad de elegir hacia donde queremos llegar y hasta cuando, sin embargo se oyen en contra de lo dicho en este párrafo, voces de la sala de espera de muchas mujeres que dicen: “el desarrollo profesional y personal de la mujer está truncado, pues la sociedad no está lista para que la mujer destaque” y es así como se sientan a esperar el momento oportuno para destacar.

margaret_thatcherEn esta multicitada sala de espera existen muchas sillas y una puede elegir en cual sentarse, a esperar y a no hacer.

Silla 1.- Falta de solidaridad.- La mujer que se sienta en esta silla, se encuentra convencida que existe una competencia desleal entre el hombre y la mujer, y por ello la mujer no llega a sus metas. Es triste observar que la competencia no es solo entre hombre y mujer, sino más bien entre mujeres. La mujer en el campo de batalla suele ser la depredadora de la propia mujer. Se requiere para eliminar esta silla, que la mujer se solidarice con la mujer, así como la protagonista de la novela de Marcela Serrano titulada “El Albergue de las Mujeres Tristes”. Así mismo, se debe de reconocer que la competencia no es entre géneros, sencillamente existe para hombre y mujer, no sobra decir que la mejor competencia es con uno mismo.

Silla 2.- Falta de Oportunidad.- la legislación nacional e internacional ha emitido diversas regulaciones donde se protege la participación de la mujer en el ámbito profesional. Cito de manera de ejemplo los principios de gobierno corporativo, por los cuales se reconoce la importancia de la diversidad en la integración de consejos de administración y altos mandos de dirección en las corporaciones, en estos principios se reconoce la importancia de la participación de la mujer. Así mismo, existe legislación que evita la discriminación de la mujer para ser contratada (por cualquier circunstancia). Los famosos “derechos humanos” y su sistema, no han quitado el dedo del reglón en protección de la mujer, la legislación de civil reconoce el trabajo de la mujer tanto doméstico y profesional. Estos derechos entre tantos han sido adquiridos, es facultad de la mujer ejercerlos, con este reconocimiento, esta silla desaparecería de la sala de espera.

Silla 3.- Dolor y miedo.- El miedo a romper tradiciones familiares, acuerdos sociales  aprendidos sobre la participación de la mujer en la sociedad, así mismo puede ser un dolor o miedo de dejar de proteger a los demás (bajo un instinto maternal universal) y no me refiero únicamente a hijos, para lograr metas propias. Es posible reconocer que el triunfo personal es la mejor protección que la mujer puede ofrecerse y ofrecer a los demás, y el triunfo se debe de interpretar en cualquier papel de la mujer, siempre y cuando lo haga convencida. Es posible que exista un dolor o miedo a reconocerse plena ante lo desconocido.

Existen muchas sillas para sentarse a esperar, salir de la sala de espera implica abrir la puerta de la “cultura de la autenticidad”, donde existe la convicción de que cada mujer ha llegado,  donde ha decido llegar, donde ha priorizado sus intereses, donde quiere destacar, ya sea como, madre, hija, hermana, deportista, profesionista, esposa, pareja, política. La excelencia en cada uno de estos interese significa, actuar, luchar, sacrificar, actuar en búsqueda del bien propio y de los demás, la honestidad con una misma y los demás y sobre todo, no imponer a las circunstancias como un verdugo invencible. Les debemos a las mujeres de siglos pasados la liberación femenina, la mesa está puesta, ahora hay que regalarles la cultura de la autenticidad, la mujer puede decidir quien quiere ser y no esperar a ser.

Fotos: Margaret Thacher Foundation http://www.margaretthatcher.org/