A 55 años del histórico Mundial Femenino de 1971, las jugadoras de aquella selección mexicana recorrieron las salas del Museo Nacional de Antropología en un emotivo homenaje que unió el arte, la historia prehispánica y su legado imborrable.
Hay momentos en la historia donde el valor de un grupo de mujeres es capaz de adelantarse a su propio tiempo. El 15 de agosto de 1971, el Estadio Azteca retumbó con más de 100 mil almas reunidas por una sola razón: ver jugar a la Selección Mexicana Femenil en el segundo Mundial de Fútbol Femenino, organizado por la Federación Internacional y Europea de Fútbol Femenino.

Aunque en aquel momento el torneo no contó con el reconocimiento oficial de la FIFA —lo que llevó a varias delegaciones a declinar y dejó la competencia entre seis países: México, Argentina, Italia, Inglaterra, Dinamarca y Francia—, la respuesta del público mexicano fue histórica e incomparable. Aquellas futbolistas jugaron sin recibir remuneración, movidas únicamente por un fuego interior, por la pasión al balón y por el orgullo de representar a su país. Sin saberlo del todo, estaban abriendo una brecha gigante por la que, dos décadas después, transitaría la primera Copa Mundial Femenina oficial en 1991.
Hoy, a 55 años de esa hazaña, tuvimos el inmenso honor de acompañar a estas heroínas —bautizadas con justicia como las Pioneras del 71— en una visita tan emotiva como inolvidable por las salas del Museo Nacional de Antropología.
Entre el arte, las raíces y el reconocimiento postergado
La cita, organizada por la Secretaría de Turismo de la CDMX con la presencia de su titular, Alejandra Frausto, y el director del Museo Nacional de Antropología, Antonio Saborit, no fue solo un recorrido protocolario; fue una caricia al alma y un tributo a la memoria viva del deporte femenino en México.
Guiadas por la divulgadora del patrimonio cultural Jacinta Cámara, las exjugadoras caminaron entre las exposiciones “Futbol 2026” de la aclamada fotógrafa Annie Leibovitz y “Tlachtli, Espacios del juego sagrado” del fotógrafo mexicano Santiago Arau. Ambas muestras logran tejer un puente poético entre la emoción del fútbol contemporáneo, la maestría de la lente y las raíces sagradas del juego de pelota prehispánico.
Resultaba imposible no conmoverse al ver la mirada de las Pioneras frente a la icónica pieza de la jugadora huasteca de juego de pelota. En esa escultura de piedra de miles de años y en los rostros de estas mujeres pioneras habita la misma fuerza: la certidumbre de que las mujeres siempre hemos habitado las canchas, los altares, las historias y los espacios sagrados de nuestra cultura.
Un legado que sigue marcando el rumbo
A más de medio siglo de distancia, ver a las jugadoras de la Selección del 71 ser reconocidas por su valentía recuerda que ningún esfuerzo cae en vano. Ellas no solo patearon un balón en un estadio repleto; desafiaron prejuicios, derribaron barreras sociales y sembraron la semilla del fútbol femenino profesional que hoy inspira a miles de niñas y jóvenes en todo el país.
El recorrido por el Museo Nacional de Antropología dejó una huella profunda en quienes estuvimos ahí. Nos recordó que el fútbol en México también se escribe en femenino, con rostros de lucha, dignidad y una pasión indestructible.

Si quieres conectar con este diálogo único entre nuestro pasado ancestral y la pasión de una cancha, no te pierdas las exposiciones en el Museo Nacional de Antropología. Una visita obligada para rendir homenaje a quienes abrieron camino cuando nadie más creía que fuera posible.
