Si pudieras conocer la vida de una persona que murió hace siglos solo con mirar sus restos, ¿qué le preguntarías? Detrás del mito literario y de la figura monumental de Sor Juana Inés de la Cruz existió una mujer de carne y hueso que compartió su vida, dolencias y cotidianidad con cientos de religiosas en el antiguo convento de San Jerónimo.

Esta fascinante dimensión humana queda al descubierto tras el análisis de más de 250 esqueletos exhumados en el recinto, un trabajo científico reunido en el libro “Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico”.
Un misterio escondido en los huesos
La investigación comenzó a partir de las excavaciones realizadas entre 1976 y 1982. Décadas después, Josefina Bautista, antropóloga física e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), retomó el proyecto iniciado por Arturo Romano y María Teresa Jaén para limpiar, restaurar y analizar de forma exhaustiva cada uno de los restos.
A través de más de 50 mediciones en cada cráneo y el estudio de las señales de edad, sexo y padecimientos físicos, los investigadores lograron ‘escuchar’ las historias que guardaban las osamentas. La evidencia ósea reveló las huellas de procesos osteoarticulares y diversas enfermedades que estas mujeres padecieron a lo largo de su vida, alejándolas de la imagen estática del retrato colonial para devolverles su fragilidad y humanidad.
Un convento diverso e incluyente
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es que la comunidad jerónima que rodeaba a Sor Juana estaba lejos de ser un grupo homogéneo como sugerían ciertos registros históricos. Los análisis antropológicos identificaron que entre los muros del convento convivieron mujeres españolas, mestizas, indígenas, mulatas e incluso, en menor proporción, asiáticas.
Este trabajo osteométrico no solo rescata la historia física de un convento emblemático de la Ciudad de México, sino que nos invita a mirar a Sor Juana Inés de la Cruz dentro de su verdadero entorno: como una mujer que habitó un cuerpo real, enfrentó la enfermedad y formó parte de un espacio vibrante y diverso compuesto por cientos de mujeres que compartieron su mismo tiempo y refugio.
Todo esto y mucho más se despliega a lo largo de las páginas de “Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico”. Una obra imperdible para adentrarse en la intimidad, la ciencia y la historia no contada que albergó el convento de San Jerónimo.
