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Beatriz Barba fue la primera arqueóloga titulada en el país, en 1955. Después se interesó, en la década de los años 70 y 80, por la iconografía mexicana; coordinó la edición de libros de esta especialidad, como el dedicado a la diosa mexica Xochipilli, entre otros.

Una mujer ejemplar que realizó estudios en el campo de la iconografía en la época prehispánica, así como los coloquios y libros producto del Seminario Permanente de Iconografía (DEAS), creado por la antropóloga en 1996.

El INAH rindió homenaje a la investigadora emérita, por su fructífera trayectoria profesional como maestra, antropóloga, arqueóloga y difusora del patrimonio cultural. Su producción académica abarca desde las culturas del mundo, hasta aspectos vinculados con las religiones y las prácticas esotéricas desde una perspectiva crítica.

beatrizbarba“No puedo decir más que gracias, de lleno y de corazón”, dijo una emocionada doctora Beatriz Barba, después de que trece oradores hicieran el recuento de cada uno de sus méritos en su dilatada trayectoria profesional de 60 años como maestra, antropóloga, arqueóloga y difusora del patrimonio cultural, durante el homenaje que tuvo lugar la víspera en la Casa del Risco que alberga el Centro Cultural Isidro Fabela, en San Ángel.

Después de expresar su respeto y cariño por la doctora Barba, Bolfy Cottom, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se refirió a la activa participación de la especialista para lograr el reconocimiento profesional de los antropólogos por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en 1959, y otras variadas luchas y aportes a la vida sindical del Instituto.

El doctor Cottom recordó que Barba se inició como representante de los alumnos que reclamaban participación en el otorgamiento de becas en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH); más tarde formó parte del primer Consejo Técnico de este plantel, en representación de los estudiantes. Posteriormente, estuvo involucrada en la defensa de los derechos de los trabajadores de la antropología en la institución.

Añadió que Barba entabló una fructífera relación profesional con Julio César Olivé, formando parte del equipo que planeó y fundó el Museo Nacional de las Culturas (MNC), a principios de los años 60, localizado en el primer cuadro de la Ciudad de México.

“Me llaman la atención los acontecimientos de 1968, de la llamada Noche de Tlatelolco, cuando Olivé y Barba, siendo director y subdirectora de dicho museo, abrieron las puertas de este recinto para que muchos estudiantes se refugiaran ahí… lo que le valió al maestro Olivé la suspensión de su cargo”, agregó Cottom para ilustrar el compromiso de Beatriz Barba.

En su intervención, el doctor José Luis Vera, director de la ENAH, destacó la trayectoria académica “polivalente” de la homenajeada, pues “es modélica y muestra cómo es posible e incluso deseable que los investigadores de hoy en día aborden diferentes temáticas”.

El gremio antropológico, agregó, “es capaz de reunirse y reconocer la trayectoria de una colega, como Beatriz Barba, que además es investigadora y maestra de muchos de nosotros, nos enorgullece ser sus discípulos, sus amigos, su quehacer nos orienta e ilumina”.

Muchos fueron los aspectos abordados durante el homenaje a la doctora, sus aportaciones tempranas a la arqueología, a cargo de la maestra Martha Monzón, así como su labor en la enseñanza y la pedagogía, por parte de la doctora Rocío Hernández (DEAS) y la arqueóloga Patricia Ledesma (ENAH).
beatriz_barbaOtra faceta, quizá menos conocida, ha sido su interés académico por la brujería, la magia y la curandería, que abordaron la doctora María Rodríguez-Shadow (DEAS) y Luis Arturo Sánchez (ENAH).

Rodríguez-Shadow, organizadora del homenaje, resaltó la posición de la doctora Barba con respecto a la brujería, pues “propone que hemos actuado desde el relativismo cultural, no cumpliendo con el deber de explicar, orientar y eliminar esas supersticiones y charlatanerías”, producto de las condiciones socioeconómicas menos favorables.

Por su parte, la maestra Pía Moya, investigadora del Centro INAH Tabasco, se refirió a uno de los aspectos menos conocidos de la producción intelectual de Beatriz Barba, que es el estudio de las peregrinaciones y las romerías durante la época prehispánica.

El interés de Barba por las procesiones en el México prehispánico la ha llevado a plantear que Tlapacoya y Cuicuilco, en la cuenca del Valle de México, fueron centros de peregrinaje, asimismo, ocurrió algo similar en Teotihuacan, siendo la Calzada de los Muertos concebida para tal fin, expresó Pía Moya.

Finalmente, el investigador Iván Leboreiro se refirió a un estudio de la doctora Beatriz Barba, titulado Un problema escolar: el mobiliario (1953), donde aplicó su experiencia como maestra normalista y sus primeros estudios como antropóloga de la ENAH, donde tuvo excelentes maestros como Pedro Armillas, Pedro Bosh-Gimpera, Fernando Cámara e Ignacio Marquina, entre otros.

Su estudio y propuestas para el mejoramiento del mobiliario escolar, dijo Lerboreiro, fue pionero en su campo y aún forma parte de las especificaciones que se aplican en la SEP  hoy en día.

Con 84 años de edad, la doctora y maestra emérita del INAH Beatriz Barba sigue activa, dando clases en su domicilio particular y asesorando al Seminario Permanente de Iconografía, entre otras muchas actividades.

Información del INAH

Fotos: INAH H. Montaño

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