En el glaciar del Mont Blanc, una larga operación de tres semanas que inició el lunes 15 de agosto, la cual consistió en traer, por helicóptero, “testigos de hielo-patrimonio” sobre el glaciar del Col del Dôme, a 4,300 metros de altitud, en el macizo del Mont Blanc. Misión en la que participaron el ingeniero investigador Patrick Ginot del IRD (Instituto de Investigación para el Desarrollo) y sus aproximadamente doce colegas franceses, italianos, estadounidenses y rusos.

El equipo de científicos cavó el casquete, desde la superficie hasta alcanzar el lecho rocosa, con el fin de tomar muestras de hielo y nieve. Tres secciones tubulares de 130 metros cada uno: una se analizará el próximo año en Grenoble y las otras dos se enviarán, en 2020, a la Antártida, en el enclave de la estación franco-italiana Concordia. El objetivo consiste en crear en este lugar aislado, el primer banco mundial de muestras de glaciares.

Este proyecto ─coordinado por Patrick Ginot y Jérôme Chappellaz del Laboratorio de Glaciología y Geofísica del Medio Ambiente (LGGE por sus siglas en francés) dependiente del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica por sus siglas en francés) y la Universidad Grenoble-Alpes─ de transportar material refrigerado al otro lado del planeta ha sido motivado por los cambios climáticos que amenazan a numerosos glaciares. Los glaciares conservan las capas de nieve y encierran sus componentes, entre los cuales hay burbujas de aire que datan de la época en la cual se formaron. Los testigos de hielo contienen por lo tanto una gran cantidad de información sobre la historia de la atmósfera ─así como de su contaminación─ y del clima.