Las ideas sobre el futuro y las posibilidades comienzan a construirse desde edades tempranas. En ese proceso, las marcas, los contenidos y los mensajes culturales tienen un rol mucho más relevante del que solemos admitir en nuestro día a día.
Aunque hoy las conversaciones sobre igualdad y diversidad ocupan cada vez más espacio en la agenda pública, la representación en las pantallas, la publicidad y los medios sigue siendo desigual. No todas las niñas reciben los mismos mensajes sobre quiénes pueden ser o qué caminos pueden imaginar para su futuro. Y eso tiene consecuencias concretas en sus proyectos de vida.
La brecha STEM: Un problema de percepción, no de capacidad
Durante años se instaló el falso mito de que las niñas tienen menor interés o afinidad natural por disciplinas como las matemáticas, la tecnología o la ingeniería. Sin embargo, la evidencia demuestra todo lo contrario: la brecha no responde a una cuestión de capacidad, sino a factores culturales y de representación que aparecen desde la infancia.
La falta de referentes visibles y los estereotipos de género impactan directamente en las decisiones futuras de muchas niñas, dejándonos cifras que invitan a una profunda reflexión:
- El panorama en México: 8 de cada 10 niñas alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas; sin embargo, solo 3 de cada 10 estudiantes de carreras STEM son mujeres. Además, apenas el 16% de las jóvenes planea estudiar una carrera vinculada a estas disciplinas, frente al 22% de los hombres, principalmente debido a una baja autopercepción de capacidad influenciada por sesgos culturales.
- La realidad global: Según datos de la UNESCO de febrero de 2026, las mujeres representan solo el 35% de los graduados en STEM y menos de 1 de cada 3 investigadores en el mundo.
- El techo de cristal: Lo más alarmante es el liderazgo; solo 1 de cada 10 líderes en el sector STEM es mujer.
Aquello que no se ve, difícilmente se imagine como posible.
Las marcas como constructoras de realidad
En este contexto, las marcas y las empresas tienen un rol central. No son espectadoras de la cultura: la construyen y la moldean. Tienen en sus manos la capacidad masiva de amplificar referentes, redefinir aspiraciones y normalizar nuevas narrativas sobre lo que una persona puede llegar a ser.
Por eso, apostar por una representación real y diversa no es únicamente una decisión creativa o una campaña de comunicación aislada. Es una decisión estratégica de negocio.
Las nuevas generaciones de consumidoras ya no buscan solo productos; valoran y eligen activamente a empresas alineadas con sus valores, que demuestren una visión más inclusiva y equitativa del futuro.
El valor de la relevancia cultural
Incluir nuevas narrativas donde las niñas se vean a sí mismas como científicas, ingenieras, astronautas o líderes tecnológicas no solo genera un impacto social invaluable; también construye:
- Valor de marca a largo plazo.
- Diferenciación real frente a la competencia.
- Relevancia cultural, que hoy en día es uno de los mayores drivers de negocio.
La conclusión es clara: las marcas que asuman la responsabilidad de ampliar el mundo de posibilidades de las personas y rompan los techos de cristal desde la narrativa infantil son, probablemente, las que terminen ocupando un lugar más fuerte, relevante y querido dentro del mercado del mañana.
Con información de:
JENIFFER IBARRA
Partner & Business Director en GUOMAN | Estrategia de negocio, operación y comunicación con impacto
